El nacimiento de un hijo con discapacidad dentro de un hogar, trae por sí solo, una serie de situaciones difíciles de afrontar, pero que sucede cuando en el mismo seno familiar la discapacidad es por partida doble.

Este es el caso de la familia Flores Abarca, del caserío Garrapatero, del Cantón las Tablas, en Zacatecoluca, Es un hogar número conformado por seis hijos, el padre y la madre de ellos.

Wendy Carolina Abarca, madre de tres de los hijos de este hogar, dice que el nacimiento de su hija, Keiry Urania Flores, era de los más esperado. “Yo contaba los días que me faltaban para la fecha del parto, estaba ansiosa de tener a mi hija” recuerda Wendy.

“La sorpresa que yo no me esperaba era que Keiry, naciera con Parálisis Cerebral Infantil” dice esta joven madre, quien afirma que esta situación, aunque no fue fácil de asimilar, tampoco les provoco conflictos.

Wendy dice que todos en la familia aceptaron la condición de Keiry y eso contribuyó a superar con relativa facilidad la situación que se venía debido a su condición de vida.

“Cuando yo forme el hogar con mi esposo, él ya tenía tres hijos, y todos demostramos amor para Keiry, así que eso no fue problema, lo difícil fue los cuidos y gastos que nos tocó enfrentar por los cuidos para mi hija, sobre todo porque solo mi esposo trabaja” expresó Wendy.

Luego del nacimiento de Keiry, Wendy salió nuevamente embarazada y su segundo hijo nació sin discapacidad, y como siempre soñó con una familia numerosa, volvió a quedar embarazada, solo que esta vez, su hijo Anner Otoniel, nació con Parálisis Cerebral Infantil.

“Jamás se me paso por la cabeza tener otro hijo con discapacidad, pero si Dios así lo permitió, no puedo renegar a esta situación” sostuvo Wendy.

La experiencia con Keiry, fue de mucha utilidad para hacer menos difícil la llegada de otro hijo con discapacidad, Wendy admite que debe afrontar momentos críticos pero que el amor de madre le ha permitido superarlos.

“Lo más difícil de ser madre de dos hijos con discapacidad es ver cómo la gente los mira con curiosidad, eso duele, pero Dios no me abandona y me da las fuerzas para salir adelante con Keiry y Anner” dice Wendy.

Uno de los problemas más complicados de tener dos hijos con discapacidad es la movilización de ellos, ya que resulta casi imposible poder trasladarlos al mismo tiempo. “Mi mamá es una ayuda vital para mí, ella siempre me acompaña, yo llevo a Keiry y ella a Anner” sostuvo.

Así como las complicaciones, los beneficios también llegan por partida doble para esta familia, El Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral, ISRI, les dono dos sillas de ruedas neurológicas para facilitarles la movilización de estos dos infantes.

Wendy dijo estar muy agradecida por la ayuda que recibía por parte del ISRI, y expresó que se esforzara por darles a sus hijos las mejores condiciones de vida.