Su mirada tímida esconde la valentía de una mujer que pese a las adversidades de la vida logro cumplir el sueño de toda mujer, ser madre. Una bendición que cambio completamente el destino de Isabel Contreras.

Desde un principio supo que esa responsabilidad no sería fácil debido a que su embarazo no fue el fruto de un amor, pero tampoco le causo temor el dar a luz al pequeño Gustavo, quien se ha convertido en  razón de su vida.

Esta madre de familia dice que su discapacidad no ha sido en ningún momento un obstáculo para luchar por su hijo y ayudarlo en su proceso de rehabilitación el cual realiza en el Centro de Rehabilitación Integral de Occidente, CRIO.

“No es fácil, pero eso no importa, tengo la seguridad que mi hijo va a mejorar con las terapias y eso basta para venir al CRIO y así cambiar las condiciones de vida de Gustavito” afirma esta madre ejemplar.

Para llegar hasta el Centro de Rehabilitación, Isabel debe viajar desde el caserío piedras azules de Candelaria de la Frontera.  Recorrido que le toma más de una hora si lo hace en bus, pero por lo general cuenta con el apoyo de la alcaldía de esa localidad para llevarla al CRIO.

“El sacrificio que se tenga que hacer no importa, para mí lo que cuenta es llevar a mi hijo a las terapias, ya que tengo confianza que él va a mejorar” reafirma Isabel.

Por la distancia entre el CRIO y la casa donde habita Gustavito, solo puede ir una vez a la semana, ante esto, las terapistas le han diseñado un plan familiar para que avance en su proceso de rehabilitación.

“Mi madre me ayuda en la casa con las terapias, ella trabaja al niño y estamos viendo resultados muy buenos para mi hijo” asegura Isabel.

Mirna Polanco, es la terapista del CRIO que atiende a Gustavito, la especialista afirma que la parálisis cerebral del niño es severa, pero que se han obtenidos resultados positivos en los dos años que tiene de atenderlo.

“Sin dudas que el papel que juegan las dos madres en este caso es el fundamental para lograr una evolución positiva del menor” indica Polanco al referirse al rol que desempeñan tanto Isabel la madre de Gustavito y la abuela del infante, Doña Marta, quien siempre llega apoyar a su hija y nieto en las terapias que reciben en el CRIO.

“Por la discapacidad de mi hija hay algunas cosas que no puede hacer y ahí es donde la apoyo, ella sabe perfectamente que puede contar conmigo para lo que ella necesite, nunca la dejare sola” expreso doña Marta.

Al final de las terapias, ambas mujeres vuelven a su casa para continuar con su diario vivir, pero con la satisfacción de dar lo mejor de ellas como madres para lograr un futuro prometedor para el pequeño Gustavo.